Self Portrait

With a cup of coffee in my hand a cautious step, I approached the full-length mirror that morning. I wondered how she would look this time, would our troubled roots be so deep down we’d need more time to reconcile?

As I looked up her body, with those extra pounds adding a little more to her weight than was socially acceptable, she resembled, surprisingly, just an ordinary human. Sure, her tights didn’t have a gap to separate them, and the cellulite plus the stretching marks on her hips and breasts would ensure she never had a modeling contract with Victoria’s Secret.  But this was her and she couldn’t change that, this was me. How tiring is it to be at war with yourself? Why can’t we just go back to those simpler times, when there was just a “me” and before I was told there was something wrong with myself?

“It’s been a long time, old friend.” I thought as soon as our eyes met. Though tired looking, they still shined like that little girl who believed she was beautiful and her dreams would come true.

“Do you still believe they will?” Her eyes asked mine, almost pleading for the answer to be “Yes.” They gave me a glance to all her hopes, the happy moments she’s lived through, the heartbreaks and the strength it had take for her to get here.

Inside those bright and big chestnut eyes, I realized that she, like life itself, was a contradiction: As much as she hated to admit it, she was naïve, but she raised her skeptical eyebrow at almost everything she heard.  She advocated ardently feminism, but couldn’t bring herself to be on board with abortion. She hated to wear her hair naturally curly like it was now, untamed and wild, but loved to style it wavy. She wanted romance, but couldn’t help to burst into laughter every time she tried to be romantic. She loved God, but couldn’t help to fall in love with science too. She seldom could say how she feels, but writing came to her naturally. She loved imagining every single possibility and writing about it, but found it hard to go out of her comfort zone herself. Even when asleep she couldn’t escape from herself, not really. She hated to be cold with everything she was, but even on those freezing winter nights, when she had on her up to three comforters, she still couldn’t sleep without her feet being outside the covers.

I kept watching her face until those dimples on each side of her mouth welcomed me as she smiled a little, and I knew. Despite of everything, she’s here, and I’m here… We got this far together. And one day we will be one again.



Con una taza de café en la mano y a paso cauteloso, me acerqué al espejo de cuerpo completo esa mañana. Me preguntaba como se vería ésta vez, ¿acaso nuestras raíces problemáticas eran tan profundas que necesitaríamos más tiempo para reconciliarnos?

Mientras subía la mirada por su cuerpo, con esas libras extras que sumaban más a su peso de lo que era socialmente aceptable, ella parecía, sorprendentemente, un humano ordinario. Claro, sus muslos no tenían un hueco para separarlos, y la celulitis en conjunto con las estrías de sus caderas y senos le aseguraban que jamás tendría un contrato de modelaje con Victoria’s Secret. Pero ésta era ella, y no podía hacer nada para cambiarlo, ésta era yo. ¿Cuán cansado era estar en guerra contigo misma? ¿Porqué no podía solo volver a esos tiempos más simples, cuándo era solamente “yo” y antes de que me dijeran que había algo mal conmigo misma?

“Ha pasado mucho tiempo, vieja amiga.” Pensé tan pronto que nuestras miradas se encontraron. Aunque un poco cansados, sus ojos todavía brillaban como esa niña que aún creía que sus sueños se harían realidad.

“¿Aún crees que lo harán?” Sus ojos le preguntaron a los míos, casi suplicando que la respuesta sea “Sí.” Ellos me dieron un vistazo a sus aspiraciones, los momentos felices que ha vivido, las desiluciones, y la fuerza que ha necesitado para llegar hasta aquí.

Viendo dentro de esos grandes y brillantes ojos castaños, me di cuenta de que ella, como la vida misma, era una contradicción: Por más que odiaba admitirlo, era ingenua, no obstante alzaba una ceja escéptica a casi todo lo que oía. Ella apoyaba ardientemente el feminismo, pero no podía lograr estar de acuerdo con el aborto. Ella odiaba llevar su cabello naturalmente rizado como lo tenía ahora, indomado y salvaje, pero le encantaba arreglarlo con ondulaciones. Ella quería romance, pero no podía evitar el echarse a reír cada vez que intentaba ser romántica. Ella amaba a Dios, pero no pudo evitar el enamorarse también de la ciencia. Raramente lograba decir como se sentía, pero el escribir le salía naturalmente. Le encantaba imaginar todas las posibilidades y escribir al respecto, pero le era bastante difícil el experimentarlas ella misma. Incluso cuando dormía le era imposible el escapar de sí misma. Ella odíaba el frío con todo su ser, pero incluso en esas noches frías de invierno, cuando tenía encima hasta tres colchas, incluso entonces no podía dormir sino tenía los píes expuestos.

Seguí mirando su rostro hasta que esos hoyuelos a cada lado de su boca me dieron la bienvenida mientras ella sonreía ligeramente, y entonces lo supe. A pesar de todo ella estaba aquí, y yo estaba aquí… Ambas llegamos hasta aquí juntas. Y algún día seríamos una sola de nuevo.

 

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